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Cuando tenía alrededor de 6 a 7 años, en unas vacaciones de verano aprendí a tejer. Recuerdo que estaba en casa de tía Tilita. Siempre fui una chiquilla curiosa y con ganas de aprender cosas nuevas. Me llamo tanto la atención ver un tejido sobre la mesa, de inmediato pregunte si me podía enseñar hacer esas cosas. Cierro los ojos y veo su casa. Era una casa de campo, al entrar se podían apreciar muchos tejidos. Las Habitaciones de esa casa tenian mantas tejidas sobre las camas, las sillas tenían fundas tejidas a crochet. Sobre la mesa un mantel tejido, en el televisor de madera (años 90) un pañito tejido. La mejor descripción que puedo dar de esa casa es de, un lugar entre tejidos y colores. Ese año que aprendí a tejer, cuando regrese de vacaciones, lo único que quería era hacer una bufanda o un gorro. De adolecente tenia vergüenza de tejer en público, por lo general tejía en casa y después destejía. Ya que sentía todo me quedaba mal. Con el tiempo entendí que tejer es algo tan bello, es algo que desarrolla mi creatividad. La primera técnica que conocí fue la del crochet. Mi amado y dulce crochet, el que me hace crear e inventar cosas como; un suéter, gorro, o una muñeca de mi serie favorita.
Existen muchas técnicas de tejido, pero el preferido siempre, es el ganchillo, galicismo de crochet o simplemente crochet. La palabra cochet viene del francés antiguo, diminutivo de croche, que viene a su vez del alemán croc, que significa gancho. Historia Se desconoce quién invento la técnica de crochet, existen muchas ideas de quien pudo ser. Aun es algo que no se puede confirmar, pero registros indican que en Irlanda y en el norte de Francia, el crochet se convirtió en una propuesta industrial cacera. Se produjo a consecuencia de fluctuaciones en la agricultura producto de las guerras. Mientras los hombres sacaban a flote sus cosechas, mujeres y niños se quedan en casa y tejían ropa, mantas, etc. Lo que posteriormente vendían a la emergente case media. Alrededor de 1837, los tejidos de ganchillos eran vistos como una copia barata de lujosos encajes. Hasta que la Reina Victoria de forma abierta compraba encajes de ganchillo artesanales de Irlanda. A Victoria le encantaba el crochet, y desde niña tejía pequeñas cosas, para ella y para los suyos. No era extraño ver a la Reina en su casa de Osborne, en sus aposentos privados o en los jardines con sus agujas y su ovillo de lana. Para ella era un momento de relajación, ajena a los deberes oficiales y familiares.
Antes de la pandemia el tejer comenzaba a tomar su lugar, se organizaban encuentros de tejido, talleres, reuniones sociales tejeriles, etc. Cuando comenzó la pandemia, la idea de tejer se hizo más fuerte. Muchas optaron por esta idea como una forma de terapia. Filas enormes en las tiendas de lanas, abuelas, madres, hijas, tías, nietas. Todas unidas con un solo propósito, conseguir hilados para seguir tejiendo. He compartido durante este tiepo de pandemia con diversas tejedoras, en donde siempre la mayoría prefiere el crochet. Personalmente prefiero el cochet, es una herramienta que permite crear con mucha diversidad. Algunas dicen que el palillo las aburre, porque es algo monótono, la verdad que todo es cosa de gustos. Para mi tejer es la mejor terapia que pude descubrir, ayuda a que conecte con mis emociones, con lo más profundo de mí. Esto no se consigue por arte de magia, debe existir una predisposición. Para finalizar te digo, Mantén la calma y sigue tejiendo.

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